El músico tiene por naturaleza miedo al fracaso, ¿Quien no ha estado nervioso en un concierto o en una prueba por miedo a "meter la pata?. Es necesario fallar, no es solo bueno, es necesario. Cuando veamos un fallo nuestro hay que afrontarlo como una oportunidad de mejora, una herramienta que podemos usar para mejorar, para seguir creciendo como músicos.Como docentes cuando veamos a un alumno frustrando por haber fallado una nota, o por haberse equivocado o confundido en un pasaje, debemos hacerle ver que no ha pasado nada malo, que no hay ningún aspecto negativo en el fallo, si no en no solucionarlo.
Mediante el error podemos afrontar de nuevo un pasaje con otra perspectiva, nos enriquece, nos aporta experiencia para saber que pasa y por que, y así poder solucionarlo y seguir hacia delante con una visión más amplia de la música, de nuestro instrumento y de lo referente a la interpretación.
Tenemos que lidiar con el fallo, y hacer que nuestros alumnos se acostumbren a él, porque sino puede convertirse en motivo de abandono y frustración. No darle más importancia de la que tiene. Por suerte somos músicos, fallar no hace que nos juguemos la vida, aprovechemos esa ventaja de la cual no disfruta un piloto de avión o un policía, el fallo es nuestro amigo, nunca nuestro enemigo.






