Prueba de artículos de opinión de Emilio Sanz

Artículos publicados en "El Día" de Ciudad Real.

28.11.04

El Congreso Provincial del PP (En Ciudad Real)

En el periódico del viernes 26 de noviembre se recogían unas declaraciones de un líder político que me dejaron pensativo: ?El que tiene la seguridad de ganar no necesita la unidad?. Lo dijo Francisco Gil-Ortega, Alcalde de Ciudad Real, refiriéndose a José Manuel Rodríguez Carretero, candidato a la reelección como Presidente provincial del Partido Popular.

Este que escribe nunca había seguido de cerca los preparativos de un Congreso provincial, hasta éste, en el que incluso me he permitido el lujo de pretender ser elegido compromisario, cosa que no ha sucedido. Mi primer chasco electoral: para una vez que me meto, voy y pierdo. Menos mal que sé perder.

Pero la experiencia ha sido enriquecedora. En la Asamblea Local en la que no fui elegido compromisario viví una serie de experiencias inolvidables. No conocía yo por dentro esa tensión ni esa emoción. Tampoco conocía la derrota, pero porque nunca me había presentado.

Me parecía honesto por mi parte, siendo candidato, estar presente durante las votaciones y durante el recuento de votos, y así lo hice. Durante las votaciones yo hablaba de vez en cuando con otros candidatos a compromisario, y me llamaba la atención lo de ?ser de?: unos me preguntaban de quién era yo, y yo contestaba que del Partido Popular. Los más inteligentes se daban por enterados, pero otros insistían: ?me refiero a que si eres de Rosa o de Chema?. Entonces yo contestaba que soy de mi papá y de mi mamá, pero que antes de la Asamblea había hablado tanto con Chema como con Rosa, pues ambos me habían llamado, pero que mi intención era apoyar la reelección de Chema porque me parecía, y hoy me sigue pareciendo, que es el más capaz de aunar esfuerzos y reunir en torno a un proyecto a las distintas sensibilidades del Partido. Esto se lo dije incluso a Rosa, que me sonrió sinceramente y aceptó mi divergencia.

Tengo que decir que ni Rosa ni Chema me han hablado mal de nadie, y que ambos me han manifestado en privado un enorme respeto el uno hacia el otro. Ambos son personas educadas, honradas y prudentes.

Yo no he visto por ninguna parte, y estuve toda la tarde y parte de la noche en la plaza de Cervantes, ninguna crisis. Sí que observé nervios, desengaños, malentendidos? Supongo que es lo normal. Pero, pasados ya varios días, sólo recuerdo la lealtad de mis compañeros, de todos: los que ganaron su puesto de compromisario y los que no lo ganaron. Recuerdo la elegancia de unos y el temple de otros, la capacidad de sonreír, la virtud de hablar, la ilusión de buscar el bien común.

Yo creo que es posible la unidad. Y lo creo porque esa unidad ya existe: yo la he visto, aunque ahora esté escondida. Los dirigentes provinciales deben encontrarla, y quizá el Alcalde les ha dado ya la pista: la unidad se esconde detrás de frases como la que he trascrito al principio. Basta con conseguir que la persona que la dijo la retire, o se retire.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 28 de noviembre de 2004

23.11.04

Igualdad sin ira

Uno de los recuerdos que tengo clavados de los telediarios de mi infancia es lo feo que me resultaba el modo de vestir de un tal Leónidas, jefe de Rusia: eran siempre vestimentas grises, todas iguales. Y lo peor era que parecía como si todos en Rusia se hubieran contagiado del mal gusto, porque vestían todos igual. La única nota de color la ponía una bandera, completamente roja, con una hoz y un martillo en una esquina, a modo de contraste. También recuerdo que aquélla bandera era igualita a la que sacaban algunos españoles en manifestaciones ocasionales.

Luego, creciendo, comprendí que lo del todos iguales no era sólo cuestión de gustos: era la exteriorización de los valores de un régimen totalitario. También me enteré de que, en el fondo, igualdad había bastante poca. Ahora, en España, algunos avances en la conquista y consolidación de derechos fundamentales de la persona han hecho, afortunadamente, que la igualdad sea pregonada y buscada. Pero no siempre es entendida como valor, sino como instrumento político de demagogia. A veces la igualdad es malversada así, precisamente por los españoles que en mi infancia enarbolaban aquella bandera, única nota de color en un sistema preso.

Siendo ya menos niño, supe que, al elaborar la Constitución Española, los representantes del pueblo aprobaron que los valores superiores, sobre los que había que cimentar la democracia, fuesen la libertad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político. Esos cuatro valores, llamados a ser los verdaderos pilares de nuestra democracia, han permanecido en mi memoria, y en un ejemplar, ya bastante usado, de la Constitución, que me los recuerda siempre desde su artículo primero.

Los valores superiores del ordenamiento jurídico español son cuatro: libertad, igualdad, justicia y pluralismo. Sobre estos valores descansa pacíficamente todo nuestro sistema. Pero no puede faltar ninguno, porque entonces el edificio se cae. Al legislar, al ejercer el poder público, al aplicar las leyes, al gobernar en cualquiera de los ámbitos del Estado de Derecho, siempre deben estar presentes los cuatro valores superiores. Poner la igualdad por encima de todo, aun a costa de la libertad, de la justicia y del pluralismo, es dejarla sola, sosa, huérfana y sin contenido. Un verdadero demócrata debe saber aplicar la conjugación de la igualdad con la libertad, con la justicia, con el pluralismo.

Creo que, en el fondo, es por eso por lo que los Tribunales anulan de vez en cuando algunos decretos: porque decir que, quitando a unos la libertad, se hace igualdad, es mentira, y además es injusto, y además no es plural.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 23 de noviembre de 2004

19.11.04

Que lo del diálogo sea verdad

(Después de la Sentencia del TSJ de Castilla la Mancha que anula en parte el Decreto de admisión de alumnos)

Que lo del diálogo sea verdad El Consejero de Educación de Castilla la Mancha lleva meses hablando de un gran debate sobre la educación, animando a todos los ciudadanos e instituciones a participar en ese diálogo, para construir entre todos un sistema educativo libre de los bandazos políticos periódicos. Ahora que el Tribunal Superior de Justicia ha sentenciado que el Decreto de Admisión de Alumnos vulnera derechos fundamentales, vuelve a presentársele al Consejero una ocasión de oro para demostrar si ese diálogo que propone es sincero o no.

En un Estado de Derecho debe de ser muy duro para un gobernante que un Tribunal le diga que ha vulnerado derechos fundamentales de la persona, y se lo diga en tres sentencias como consecuencia de tres demandas. No pretendo hacer sangre ni regodearme en lo que en este mismo diario he escrito tantas veces. El respeto que me merece la persona de José Valverde - al que todo el mundo reconoce el esfuerzo, el interés y la dedicación con la que ejerce la Consejería de Educación en Castilla La Mancha -, y mi concepción de la vida me lo impiden. Tampoco pretendo hacer valoraciones políticas en este artículo.

El TSJ de Castilla la Mancha, con un amplio y profundo análisis de las leyes vigentes en España y de abundantes citas de jurisprudencia del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, ha anulado la esencia del Decreto de Admisión de Alumnos en cuanto a la enseñanza concertada, porque no se ajusta a los esquemas constitucionales de libertad de elección de centro (art 27,3 CE), libertad de creación de centros (art 27,6 CE), que incluye la libertad de dirección y gestión por los titulares de la propia admisión de alumnos, y libertad de enseñanza en definitiva.

La anulación que ha decretado el Tribunal es un hecho, y es comprensible que a quien elaboró ese Decreto le duela. Pero la responsabilidad de buen gobierno y el espíritu democrático han de estar por encima de todo, y el Consejero debe primero acatar la sentencia. En ese sentido, es intolerable que califique a la sentencia como "un panfleto", según las declaraciones que hizo ayer a la prensa; es exigible a nuestros gobernantes un respeto a las instituciones y a la legalidad vigente y en este caso, nuestro Consejero ha estado al nivel de una república bananera; nuestro señor Consejero necesita que, con todo respeto y afecto, alguien le diga que Castilla-La Mancha no es su cortijo y él está sujeto a lo que manda la Constitución y deciden los Tribunales. Y, además, debe dialogar con los sectores implicados (con todos) y abrirse a las sugerencias y planteamientos que, conforme a la legalidad vigente, le propongan los centros concertados.

La principal consecuencia que debe extraerse de la Sentencia es que el sistema educativo que la Constitución de todos los Españoles quiere es un sistema de libertad: libertad de elección y libertad de creación de centros docentes. Yo también estoy por la igualdad. Y los centros concertados también están por la igualdad. Desde 1.978 todos estamos por la igualdad. El Consejero parece como si quisiera hacer ver que los demás no queremos la igualdad, y eso no es cierto. Vamos a dejarnos de historias y vamos a construir. La educación es un problema tan importante, que merece la pena tragarse los disgustos y trabajar en diálogo con todos.

Señor Valverde: ¿quiere usted dialogar o no? No tiene más que llamar, escuchar y dialogar. Y dentro del diálogo se incluye siempre el cambio de la propia postura por el enriquecimiento que le han aportado los demás. Contará con el respeto y la colaboración de toda la comunidad educativa.

Emilio Sanz

El Día de Ciudad Real, 19 de noviembre de 2004